Quiénes somos

EL CORAZÓN DE MÁLAGA

Si algo define a la Casa del Sagrado Corazón de Málaga, conocida como Cottolengo, es su corazón, y el de todos los que trabajan y colaboran en ella desde hace más de cincuenta años.

“No tener nada ni a nadie” es lo único que tienen en común los residentes de esta casa. Un hogar para cada una de las 60 personas que viven actualmente en el Cottolengo. Entre se encuentran un señor viudo, que vivía solo y sin familia, que tras recibir el alta hospitalaria no tenía a donde ir; una señora con más de 70 años que vivía en la calle desde hacía un lustro y comía gracias a los vecinos; varias familias con niños pequeños procedentes de diferentes países; una mujer joven con cuatro hijos, uno de ellos recién nacido, que huyó tras años de malos tratos.

Intentar describir el perfil de estas personas sería misión imposible, porque cada ser humano, carga su propia vida y sus propias circunstancias. Pero si podemos describir la herramienta que utiliza el Cottolengo para devolver su dignidad a cada persona: el cariño, el amor, el consuelo, la paciencia, en definitiva, el corazón.

Por esto, y muchas otras razones, somos el Corazon de Málaga

Desde el año 2013 al 2017 han pasado por esta casa más de 200 personas. La más pequeña recién nacida, la más mayor tiene 91 años. Sus nacionalidades son muy diferentes: española, uruguaya, marroquí, argelina, belga, francesa, nigeriana, ucraniana…

Esta casa cuenta con 40 plazas. ¿cómo han podido acoger a tantas personas? Porque la Casa del Sagrado Corazón cree en la dignidad de la persona y en devolverle su lugar en el mundo.

NUESTRA HISTORIA

La Casa del Sagrado Corazón (Cottolengo) abrió sus puertas en el año 1965, gracias al empeño de un sacerdote diocesano malagueño, el padre Jacobo, que hizo de los pobres y de los descartados su bandera. Cuando llegó como párroco al Santo Ángel, en la barriada de “El Bulto”, junto a las playas de San Andrés, encontró a decenas de personas malviviendo en chabolas junto a la orilla del mar.

Eran los más pobres de la clase obrera, niños que sólo contaban con vagones de tren abandonados para pasar la noche. A la pobreza hay que añadir los estragos que hizo la poliomielitis. Ésta era la situación de las periferias de Málaga tras el desarrollo industrial a mediados del siglo XX. Este cura, lejos de achantarse, se fue a buscar a las hermanas de la Institución Benéfica del Sagrado Corazón, concretamente a su fundadora, la Madre Rosario Vilallonga. Le dijo: «usted viene y lo ve». Sabía lo que hacía, la madre Rosario no pudo negarse. Las hermanas estuvieron 48 años en esta casa.
En el siglo XXI, el Cottolengo de Málaga sigue siendo necesario. Siguen llegando personas que no tienen nada ni a nadie.